Detrás de cada acto de clausura hay un año de trabajo, acompañamiento y compromiso que convierte los abrazos finales en el verdadero símbolo del camino recorrido.
Reyes Caparrós
25 jul 2025
Llega el día esperado: hoy es el acto de clausura.
El alumnado se prepara para recibir su beca y el diploma que acredita que el esfuerzo realizado va a ser reconocido. Momentos de emoción, bonitas palabras, buenos deseos y muchos, muchos abrazos.
Esto es todo lo que se ve, pero ¿y lo que no se ve?
Desde el día que comienza el máster hasta la clausura, hay muchas horas en las que el equipo se encarga de que todo siga su curso. ¿Quién será el padrino/madrina este año? ¿Dónde será la ceremonia? ¿Y el protocolo? ¿Tenemos las becas ya? ¿Han llegado los diplomas?
Muchas tareas por resolver, pero avanzamos junto a ellos cada día y nos implicamos. A veces, mucho más allá de lo meramente académico.
Nos vemos todas las semanas, nos cuentan sus progresos, les ayudamos en el camino y nos hacen partícipes de sus inquietudes, tanto laborales, en ocasiones personales y por supuesto las académicas. Y nuestra tarea ahí es acompañarlos y ayudarles. Desde cómo mejorar su currículum hasta la orientación para la búsqueda de empleo, les acompañamos dentro de lo posible, y a veces hasta hacemos de “mini agentes inmobiliarios”, cosa bastante compleja actualmente.
El equipo vive desde dentro la clausura como el culmen de un año en el que has puesto todo de ti para que, al final, sean ellos y ellas los que brillen.
Ahora tiene mucho más sentido lo de muchos, muchos abrazos…

